El experimentado Juan Redchuk no la pasó para nada bien ese día. En el inicio del segundo tiempo, sufrió la lesión de su rodilla izquierda y todo indicaba que se trataría de rotura de los ligamentos cruzados. Así y todo, y lejos de retirarse del partido y ceder a un cambio de arquero, el Flaco se encaprichó valientemente y encaró su desafió hambriento de gloria de seguir jugando en una pierna el Superclásico.
El “Flaco” cayó dos o tres veces al colorido césped del Coliseo. A medida que pasaban los minutos, el dolor se hacía cada vez más fuerte y el corazón del Flaco también se hacía más fuerte.

Sobre el final del partido, Ferrer le pega desde afuera del área y con un salto de tejo, el Flaco la saca por arriba para el delirio de todo el Pueblo Rojo, quienes detrás de su arco alentaban y alentaban y quemaban sus manos ante cada intervención de Redchuk.
Sobre el final del partido, Ferrer le pega desde afuera del área y con un salto de tejo, el Flaco la saca por arriba para el delirio de todo el Pueblo Rojo, quienes detrás de su arco alentaban y alentaban y quemaban sus manos ante cada intervención de Redchuk.
Sin dudas, el “Flaco” se recibió de héroe, héroe del Superclásico.
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